Perros de cementerio, encargados de conducir las almas de los difuntos hacia la ultratumba, cielo o infierno. Cuidar el umbral entre mundos, acompañar al alma en su viaje entre la muerte y el renacer.
El perro, en especial negro, es una de las figuras más representativas de un psicopompo, la primera vez que encontré a esta manada, eran unos cachorros, fotografió a los adultos descansando en los fosos vacíos en los que antes hubo un cuerpo inerte. Volví después de un tiempo, los perros adultos se habían dispersado por el cementerio, los cachorros habían crecido, desenvolviéndose con más soltura entre los muertos, que confiando en los vivos.
Los Pincheira, se ganaron el nombre por su costumbre de moverse en manada, de espantar a los intrusos y realizar alguno que otro atraco para obtener comida. Más de un año recorriendo el patio 123 y sus alrededores tras esta manada, encuentros furtivos con el guía del cementerio, un perro que acompaña a turistas y penitentes, a los primeros con paso alegre, a los segundos como un compañero de dolor, un guía de las almas que se quedan.
Psicopompos, guardianes de almas, habitantes de cementerio.